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Published on mayo 15th, 2015 | by Enrique Sepúlveda

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Mad Max: Furia en la carretera

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Si el éxito de una película se mide con la cantidad de muertos, en Mad Max pierdes la cuenta. Si es por la cantidad de emoción, Mad Max no es apta para hipertensos. Si es por la fotografía, maquillaje o vestuario, Mad Max se lleva el premio gordo.

Porque desde que te sientas en la butaca, hasta que te levantas, la película es un golpe en la cara. No hay introducción, no hay presentación, no hay desarrollo. Parte con el clímax y todo de ahí en adelante son tonalidades del mismo.

No hay tiempo para pensar si es coherente, si es consistente o para cuestionarse lo pobre de la historia (o por lo que cabe, la presencia de 5 minas espectaculares, de catálogo, en este mundo). Lo único que importa es la supervivencia, o tal vez estar ahí para la siguiente explosión.

Y cuando termina, lo único que quiero es verla en IMAX, el nuevo cine de pantalla ultra gigante que abrieron en la capital. Porque esos paisajes, esas escenas, no merecen, exigen el glorioso esplendor de una pantalla más grande, más brillante y ojalá en un sonido 3D surround envolvente que te agarre de las orejas y te grite sin compasión.

Imposible borrar de tu mente el camión musical, que como tambor de los antiguos batallones, marca el paso entre percusión y un guitarreo furioso de una especie de títere esclavo cuyo único escape, redención o realización parece ser el sonido de su guitarra.

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Tom Hardy en su rol de Mad Max es completamente olvidable, pero cumple con algo que va más allá: el mito. Por que si hay algo que me quedó de las precuelas, es que a pesar de que era un personaje normal, no es como se ve en el momento, sino la construcción de la leyenda lo que hace tremendo.

No hay figuración, no hay excesos de cámara, no hay gestos encantadores ni minutos para lucirse con expresión dramática. Imposible ganar un Oscar al mejor actor o como actor de reparto. Pero lo que queda es el mito y la leyenda.

Puede que como arte, la presea se la lleve otra cinta. Pero como película de acción, de entretención pura y de catarsis, Mad Max 4 no solo prueba que cuartas partes pueden ser mejores, sino que concede al director el reconocimiento de su experiencia y escuela, que claramente culmina y se corona con esta última, nueva, colorida y flamante versión, por lejos mejor que las anteriores.

Si te gusta la acción, es imperdible. La película por la cual pagar la entrada al cine de este año.

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About the Author

Enrique Sepúlveda

Periodista consultor especializado en contenidos digitales, arquitectura de información, experiencia de usuario y usabilidad web. A veces diseñador, a veces redactor, a veces analista de estadísticas. Fanático de Japón.



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